martes, 10 de marzo de 2009

LosLos días más largos de la primera década del sigloXXI.



Cuando usted lea este artículo faltarán muy pocas horas para que oficialmente termine la campaña de los candidatos a la Presidencia de la República, efectivamente  el Código Electoral prohíbe a los Partidos políticos y a todos los medios de comunicación, personas naturales jurídicas, hacer propaganda los tres días anteriores a la elección y en el propio día de la misma. Termina la campaña electoral y comienzan los días más largos de la primera década del siglo XXI.

Serán los días más largos, por lo mucho que esta en juego en estas elecciones. Hemos llegado a una bifurcación y aquí hay dos caminos: el que ya conocemos, que es el de siempre: el del uso patrimonial del Estado en función de los intereses de unos pocos. Y el otro camino el lado de la posibilidad cierta, que por primera vez en la vida de El Salvador se elija un gobierno, que administre el aparato del Estado en función de los intereses de la mayoría de la población y organice el Estado para la “consecución de la justicia, la seguridad jurídica y el bien común” y se espera que siguiendo este camino el país tenga   gobernantes que trabajarán por que el Estado cumpla con su obligación de “asegurar a los habitantes de la República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social”. Esto no es el socialismo del Siglo XXI es el Artículo 1 de la Constitución de la República de El Salvador.

A todos nos preocupa el posible rumbo que pueda seguir el país: pero las preocupaciones son diferentes  a  unos pocos les angustia  perder sus “libertades” que entienden como la búsqueda de la máxima ganancia, la no intervención del Estado en la actividad económica, el poder establecer los precios de los productos según su conveniencia, pagar la menor cantidad  de impuestos, les irrita la posibilidad de ya no tener en el gobierno a sus familiares y/o socios para que influyan de manera directa en la definición y ejecución de las políticas públicas a favor de sus negocios. Es algo inquietante para estos sectores.

A los grupos del poder económico del país les da pánico, les parece espeluznante perder la posibilidad de tomar el teléfono u otro mecanismo informal para comunicarse en el momento que lo necesiten con el Presidente de la República y los ministros y pedirles que les resuelvan de inmediato aquellas cosas que impiden el buen desarrollo de sus negocios, lo que quieren es seguir teniendo gobernantes que le aseguren a la empresa privada lo que ellos llaman  “un buen clima de negocios”.  

La preocupación de la mayoría es lograr ganar un gobierno en que los que administren el aparato del Estado trabajen por garantizarle a la población los derechos considerados esenciales, esperan tener  un gobierno enfocado en el mejoramiento de la calidad de vida de la población, comprometido con que el Estado juegue  su papel de agente de redistribución de la riqueza y promotor del desarrollo económico-social. Esto significa para El Salvador una nueva dimensión donde se da  preferencia a los derechos sociales antes que a las libertades del individuo; se priorizan valores y principios como la equidad y la solidaridad en las relaciones, se trabaja por la igualdad de todos y todas en el ejercicio de los derechos.

De esta fecha al 16 de marzo los días serán largos, porque nadie se quedara quieto, paralizado ante la proximidad de las elecciones se harán montajes de supuestos escándalos, habrán descalificaciones, injurias, alusiones a la vida familiar de los candidatos, difamaciones, amenazas, espacios pagados por personas perversas que se esconden bajo nombres como “cruzada pro paz y trabajo” “mujeres por la libertad”, violencia electoral de todo: La derecha pondrá en función de ganar las elecciones todo sus recursos: dinero para comprar voluntades, influencia en los medios de comunicación social para manipular información y crear opinión publica  a su favor, utilización de los recursos del Estado en función del apoyo a ARENA, y por supuesto seguirá metiendo miedos y presiones a los trabajadores de sus empresas. No se puede esperar de ellos menos.

Las izquierdas tendrán que unirse en una voluntad que se sintetice en la consigna “Todos contra ARENA”, de este lado los recursos materiales son menores, pero las reservas morales, la tradición de lucha, y el deseo de trabajar por un El Salvador diferente son infinitos. El tiempo esta a favor de buenos sueños. Lo peor sería quedarse con el sentimiento de culpa de no haber hecho todo lo que se podía hacer por lograr un El Salvador diferente.

El primer enemigo a vencer, esta en el pensamiento de las personas, que todavía  creen en la clásica frase de la apatía de: “yo no me meto en política, por que a mi, la política no me da de comer, yo si no trabajo no como”. Cada vez son menos las personas que piensan así. Y más los que están convencidos que la política si da de comer, para el caso si se le quita el IVA a la canasta básica de alimentos y que si se puede cambiar el país.

A propósito de los votos,  Nelson Mandela en uno de sus discursos al referirse al democracia  dijo: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento” es necesario reflexionar sobre esto.

 Nada será igual después del 15 de marzo, terminadas las elecciones, tres palabras serán las mas repetidas: crisis económica y gobernabilidad, estas palabras combinadas producirán cambios notables.  En nuestras manos está la posibilidad de un El Salvador diferente. Podemos avanzar en la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades sociales, el respeto al medio ambiente y la paz social. El quid de la cuestión es, ganar estas elecciones, triunfar en la operación sufragio 2009, para profundizar la democracia y después trabajar por construir, desde arriba en el gobierno y desde abajo con  la lucha de los movimientos sociales un nuevo modelo económico y social que ponga al Estado y  las finanzas publicas al servicio de la satisfacción de las necesidades de las personas, que recupere la soberanía alimentaria, el respeto del medio ambiente, y la dignidad de todos.  Todo esto es garantía de gobernabilidad.

 

 

  

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