
No nos engañemos, es una cuestión muy básica, obvia: en la sociedad salvadoreña existen distintos sectores, clases sociales con intereses diferentes y aun antagónicos, y en una situación nueva como la que estamos viviendo es lógico que se tiendan a tensar las contradicciones y se dificulte la gobernabilidad democrática.
No es posible pensar que la gobernabilidad se pueda lograr solo con palabras, con discursos que llamen a la calma, con mensajes que creen confianza, es necesario tener presente que la confianza se construye con hechos, hoy se necesita, el momento lo demanda, la creación e institucionalización de instrumentos que permitan abrir canales de participación a las distintas expresiones de la sociedad civil, y establecer un espacio para el procesamiento de los conflictos y la elaboración de consensos alrededor de políticas públicas. Se necesita de voluntad política para actuar rápido y proponer mecanismos de diálogo social que posibiliten la construcción de relaciones sociales asentadas en acuerdos básicos.
Por supuesto que hay antecedentes, como el Foro para
Sería ingenuo pensar que el dialogo social será un escenario sin conflictos, ausente de las contradicciones que devienen de la vida social misma.
Pero si se garantiza la pluralidad de su composición, y la naturaleza de sus fines se podrán subordinar los intereses sectoriales inmediatos a un proyecto compartido de paz social.
Hoy, con una crisis económica global se debe reforzar la idea de que la economía es un asunto público cuya regulación depende la vigencia de los derechos sociales, las condiciones de la gobernabilidad democrática y, en fin, el bienestar general de la poblacion. En este marco, vuelve a ocupar un lugar relevante también la necesidad de contar con mecanismos de planificación económica, entendida no sólo como el conjunto de decisiones emanadas del gobierno entrante, sino como la elaboración de políticas públicas y la determinación de objetivos a largo plazo con la participación de los actores sociales, económicos y políticos comprometidos en su logro.
El diálogo, el consenso, el acuerdo son los mejores instrumentos para transformar la sociedad, hoy se pone a prueba la capacidad de los agentes sociales para demostrar si se puede dar un paso muy importante: la institucionalización del diálogo social que no es posible pensar se pueda logar solo por los cauces y procedimientos informales. Tenemos una rica, a pesar de su brevedad, historia de diálogo y concertación social desde los tiempos de la negociación de los Acuerdos de Paz que nos da confianza que retomar el Dialogo Social es posible.
Con el organismo para el Dialogo Social, se trata de formalizar, darle seguridad y transparencia, a la participación de las organizaciones representativas de intereses económicos y sociales en la adopción de las decisiones más relevantes en materia de política económica para enfrentar la crisis, que hoy por hoy es lo más urgente. Esto es un avanza fundamental en la profundización de la democracia.
Surge inmediatamente un riesgo: que se considere que el Dialogo Social será reducido a un papel puramente de intercambio de opiniones, de punto de encuentro etc. Este riesgo se puede conjurar, pero hay que hacer un gran esfuerzo para convencer a los participantes y a






